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Un pequeño asentamiento vizcaíno muy
cercano a la localidad de Markina-Xemeín era
centro de moliendas en el siglo XVI. El verdor de
aquellas montañas cubiertas de molinos hizo
que aquel lugar fuera llamado por sus pobladores Bolibar,
que en lengua vasca (euskera) significa “pradera
de molinos”. De allí que las familias
del pueblo comenzaran a apellidarse “de Bolíbar”.
Con el tiempo el apellido se castellanizó adquiriendo
la ortografía que conocemos hoy: Bolívar,
aunque la localidad conserva su nombre en euskera:
Puebla de Bolibar.
Los antepasados del Libertador eran parte de la aristocracia
de ese asentamiento vizcaíno. Poseían
molinos y herrerías, actividades muy lucrativas
en esa época. Fue su quinto abuelo, llamado
“Simón de Bolibar: El Viejo”, nacido
en 1520, quien se vio obligado a trabajar en Venezuela.
En aquellos años, por la ley del mayorazgo,
sólo el hijo primogénito heredaba los
bienes de la familia. “Bolíbar: El Viejo”
al ser el hermano “segundón”, no
tuvo otra alternativa que buscar fortuna al otro lado
del atlántico, iniciando así la rama
de la familia que dio pie a la estirpe de los Bolívar
en Caracas.
Este nexo remoto entre Venezuela y la Puebla de Bolibar,
se sostiene hoy en día mediante la presencia
del Museo Simón Bolívar, ubicado en
el caserío Errementarikua que perteneció
a los antepasados del Libertador . La institución
“alberga colecciones que nos informan de la
vida de los vizcaínos en la Edad Media y de
la trayectoria personal y política de Simón
Bolívar ". (www.simonbolivarmuseoa.com).
Fuente:
Profesora Ana Arriaga,
Directora del Museo Simón Bolívar en
Vizcaya
“Bolívar,
pradera de molino
en lengua vasca.
Molino que supo moler
trigo de gloria y
dar a los pueblos
pan de libertad ”
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| Extracto
de un poema de la poetisa rumana Elena Vacaresco.
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